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Relato erótico: “Gabriela… una adorable mujer casada 2 (vRD)” (POR ROGER DAVID)

Pensamiento que repiten los sabios cf.

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Y sobre todo, lo disfruta. Voy a ponerme una medalla. Experiencia, un recuerdo imborrable: No hay palabra de seguridad. Solo esperas y deseas que tu deseo coincida con el suyo. Bastante premio es cumplir y satisfacer sus deseos. Una vez satisfecha me gane mi premio y pude incorporar algo de Lara en mi ser: Tuve que limpiarla claro, porque no iba a dejar ni que se perdiera gota ni que ella fuese impoluta.

Lo iba a maximizar sin concesiones. Toda una promesa de lo que iba a acontecer. Era una diosa hermosa tomando lo que es suyo. Simplemente era suyo sin paliativos ni excusas. Su respuesta fue escueta: De todas las amas que han podido torturarme es la mejor.

Como Ama tiene un estilo de los que me gustan, sabe dominar sin sobresaltos, sin gritos ni necesidad de aspavientos. Se impone con toda naturalidad y consigue tu entrega sin que puedas resistirte. Simplemente impecable y sin duda la mejor Ama que he conocido. Lo vive y disfruta como nadie. Lo de Lara es superlativo. Sus maneras y estilo, una mujer con clase. Los siguientes 4 Usuarios dan las gracias a Charlysp por este Post: Hablamos sobre mis preferencias y gustos.

Como se ha comentado antes, recibe cerca del metro Colombia. Al llegar a su apartamento, completamente limpio y ordenado, me encuentro una mujer delgada, vestida elegantemente, en torno a la cuarentena, pero que derrocha sensualidad por los cuatro costados.

El siguiente Usuario da las gracias a spank por este Post: Para mi, simplemente perfecta. Me domina completamente con una facilidad tremenda, es como si supiera activar un resorte que me vuelve completamente obediente, y cuando me dice buen chico, uffff. Prohibido replicar otras opiniones. Llamo a la puerta a la hora concertada y oigo el sonido de sus tacones altos en el parquet lo cual hace que ya mi soldadito se ponga contento.

Cuando se cansa me ordena servirla como caballo a dos patas. Me quita las pinzas de los huevos lo cual me causa un placentero dolor y me las pone en las orejas a modo de brida. Como es muy ligera estamos un buen rato hasta que me hace arrodillarme para bajarse.

Deseando volver a estar a sus divinos pies. El siguiente Usuario da las gracias a jaimeslave por este Post: Tus sesiones, tanto la de junio pasado como esta, parece que son muy cortas.

Solo he acordado con ella media hora, por lo que me ordena correrme Pero para fetichismo o sado erotico superbasico, como el que comenta el forero, es probable que si te acepte tarifa reducida.

Parece que hacia medias horas para mi mas que de sobra una hora o dos Tiene un ritmo lento, pausado a la hora de dominar, sin gritos, estridencias, pero de una manera extraordinariamente sensual.

Los siguientes 3 Usuarios dan las gracias a spank por este Post: Es muy buena en todas las variantes. El siguiente Usuario da las gracias a whorerer por este Post: Unos 35 Fotos falsas o retocadas: Abril Tarifa contratada: Llego a su casa y me indica su piso. Se sienta en la cama y me indica que lama sus tacones, suba por sus medias hasta su entrepierna, yo estoy totalmente subyugado mientas que ella tira de la cadena que sujeta mis pezones y para que me mueva al contrario de lo que me ordena.

Le contesto que si. Es uno de esos que se ponen en la boca con una correa. Me ordena estar quieto mientras ella obtiene su placer y que no me mueva.

Pero no lo hice muy bien Los siguientes 5 Usuarios dan las gracias a Leopold por este Post: Muy buena experiencia la verdad. Pero creo que recibe en la zona de Vista Alegre, no en Villaverde. Bastante delgada He estado 2 veces con ella Los siguientes 2 Usuarios dan las gracias a sexualpaz por este Post: Alguen ha conseguido contactar con ella recientemente.

Relato y explicaciones completamente libre y extremadamente largo. Cerca del Palacio de Vistalegre Instalaciones: El resto no lo vi, pero desde luego esto muy bien Higiene: Sus piernas y pies sobretodo me encantaron. Es muy delgada y como tal el culo va a juego Actitud: Yo agradezco mucho esa forma de ser y actuar la verdad. Pienso que es una buena y sana costumbre. El encuentro fue muy tranquilo, llevando a cabo las cosas que me gustan y sin excederse en absolutamente nada. Se ve que sabe muy bien lo que hace, no es como otras que son unas sacacuartos y se apuntan al rollo de "fetichistas y dominas" sin realmente serlo.

Los siguientes 7 Usuarios dan las gracias a lamepie por este Post: A mi me resulta atractiva. Si, con lengua, sin problemas ni escatimar nada Cuerpo: Muy delgada y blandita Pecho: Los pezones son gorditos y reactivos Culo: Eso si algo blandito Actitud: He de decir que me gustan las mujeres de mi edad.

Desde entonces creo que son mi gran fetiche. Me hinco de rodillas y la sigo besando el suelo donde pisan sus nuevos y vertiginosos tacones. Me ordena ponerme de rodillas a cuatro patas para que la sirva de silla mientras ella contesta el correo y whatsupps, cuando pasan unos 15 minutos mis brazos tiemblan un poco por lo que me da un sonoro azote en el culo.

Cuando ha acabado se siente en la cama y me ordena acercar mis labios a sus divinos pies. Add Thread to del. Iniciado por maxineo Que te cobro por esa media hora?? Dulcemente dominante Elegante, intrigante, bellisima joven, que no creo que haya cumplido los 35, pero domina mental y fisicamente como si le fuara innato. Pegging Alguna vez ha practicado Pegging contigo?

Iniciado por juyspalumi Nombre de guerra: Pegging Hola compi Morbosillo Mejor Cate Blanchett Prohibido replicar otras opiniones. Iniciado por jaimeslave Solo he acordado con ella media hora, por lo que me ordena correrme El culpable ve en todo sombras de miedo. Las crea la conciencia.

Si se hubiera arrojado a los pies de mi Madre diciendo: Meditad sobre lo que quiere decir persistir en la culpa. Por eso debes sufrir esto. Todo el tiempo precedente ha quedado anulado. Nosotros, los castos perfectos. Ninguno estaba excluido de este amor. Suelta baba y arroja espuma, ruge y blasfema. Sangre sobre la Tierra, derramada por mano fraterna. La Tiniebla os insidia continuamente.

Que se marchara, pues, este rey abatido y despojado de sus dones; que se fuera con su riqueza, obtenida con violencia, y que se la llevara consigo a la tierra de exilio, para que le recordara siempre su pecado. Eva estaba cargada de su pecado. Y quien escarnece a Dios no respeta a nadie en el mundo. Dios es vuestro Rey, no vuestro siervo. Dios os ha dado inteligencia y fuerza para dominaros.

Pero Dios lee los corazones. El que ya no es ser que el Cielo lleve en su memoria, ese hombre de alma muerta, animal es que se estremece por su vida animal. Y, como alucinados, ven por todas partes venganza ya pronta para descargarse contra ellos. El arrepentimiento va creciendo en ella ante las pruebas de su pecado. Quiso conocer el bien y el mal. Y el recuerdo del bien perdido es para ella como el recuerdo del Sol para uno que, al improviso, hubiera quedado cegado.

Venir a ser, pues, los sacerdotes que desde la Tierra oran por los hermanos. Juan va a recoger a la Madre. Ahora se le ve ajado, como por causa de una grave enfermedad, y como exangüe. El pelo, mate; despeinado. Besa el mantel en el lugar donde el Maestro ha tenido unidas las manos. Se levanta y piensa. Los coge, los dobla, los acaricia, los besa. Se acerca a la escalerita. Sube por ella, encorvado, con paso reluctante y moroso.

Juan levanta la cabeza y la mira. Abre la boca queriendo hablar, pero no lo consigue: Agacha la cabeza, con un sentido de vergüenza por su debilidad.

Ya te ha perdonado. Nunca ha tenido en cuenta este momento tuyo de desconcierto. Desde ayer noche le he seguido en su dolor. Pero ahora… ya no veo.

Juan recoge los objetos que estaban en el suelo y sale para llamar a las mujeres. Y jadea tanto, con la boca abierta, que parece faltarle el aire.

Y fuera hace sol. Tiene ya desatadas las manos. Es agua y miel. Pero no quiere sufrir menos. Longino sube a la silla y va a su lugar, unos dos metros por delante de los once de a caballo. Veo que la traen ya formada. Longino da la orden de marcha. Una decuria alrededor de cada uno, haciendo de ala y refuerzo. Pero los soldados se limitan a cumplir con su deber, o sea, ordenan al Condenado que se ponga en el centro de la calle y camine. Longino aguija al caballo y la comitiva empieza a moverse con lentitud.

Acto seguido se pone en el sitio en que estaba: Los soldados, como pueden, le defienden. Pero incluso al querer defenderle le golpean, porque las largas astas de las lanzas, blandidas en tan poco espacio, le golpean y le hacen tropezar. Pero, llegados a un determinado lugar, los soldados hacen una maniobra impecable y, a pesar de los gritos y las amenazas, la comitiva tuerce bruscamente por una calle que va directamente hacia las murallas, cuesta abajo, una calle que acorta mucho el camino hacia el lugar del suplicio.

El sudor surca su rostro, junto con la sangre que rezuma de las heridas de la corona de espinas. Es un camino desnudo que acomete directamente la subida, pavimentado con piedras no unidas, sin un hilo de sombra. Encuentra una piedra saliente. Estando agotado, levanta muy poco el pie, y tropieza. Cae sobre la rodilla derecha. De todas formas, logra sujetarse con la mano izquierda. La gente grita de contento… Se pone en pie de nuevo. La gente llega incluso a aplaudir por el contento de verle caer tan mal….

Se reanuda la marcha, con una lentitud cada vez mayor, a pesar de todas las incitaciones. La gente ve esto y grita: Y otros, que no son pueblo, sino sacerdotes y escribas, dicen burlonamente: La masa vil, ante las lanzas refulgentes y amenazadoras, se distancia gritando, bajando sin orden ni concierto por el monte.

Cae a lo largo. Se golpea la cara contra las piedras desunidas. Permanece en el suelo, bajo la cruz, que se le cae encima. Los soldados tratan de levantarle.

La mayor parte son mujeres, que van llorando veladas. Luego se aproximan resueltamente. Luego devuelve el lienzo y habla: Dobla la ladera del monte. Vuelve casi al frente, hacia el camino escarpado. Juan la mira con una piedad desolada. Ahondados los carrillos, como por enfermedad. Y Longino menea la cabeza mientras la sobrepasa seguido por los once que van a caballo. Pero con Longino no se juega.

Repite la orden de una forma que el hombre lanza los ramales a uno de sus hijos y se acerca. Luego vuelve a hablarle al Cireneo: Da una voz a los muchachos: Veo que incluso entre los romanos, y son hombres de armas, no noveles en materia de muertes, marcados por cicatrices…, hay un impulso de piedad.

Y media centuria pone por obra la orden: Al lado de ellos hay piedras y tierra ya preparadas para calzar las cruces. De otros agujeros, sin embargo, no han sacado las piedras. Las otras se han marchado. El monte hormiguea de gente en los tres lados que no descienden con fuerte declive.

Ya no se ve la tierra amarillenta y desnuda, la cual, bajo el sol que aparece y se oculta, parece un prado florecido lleno de corolas de todos los colores, debido a. Visiones — parte 4. Muerte al blasfemo galileo. Se hace subir a los condenados. En cuanto llegan los condenados al palco malhadado, los soldados circundan la explanada por tres de sus lados. Tienen en sus manos clavos, martillos y cuerdas. Y muestran burlonamente estas cosas a los tres condenados. La muchedumbre se excita envuelta en un delirio cruel.

Los dos ladrones, por el contrario, beben mucha. Los dos ladrones lo hacen sin pudor alguno. Los verdugos ofrecen tres trapajos a los condenados para que se los aten a la ingle. Se lo quita sin dejar caer el manto. Y empiezan a cantar, con tono de salmo: Su tronco es marfil veteado de zafiros. Se extiende y pone la cabeza donde le dicen que la ponga. Abre los brazos como le dicen que los abra.

Estira las piernas como le ordenan que lo haga. Ahora su largo cuerpo, esbelto y blanco, resalta sobre el madero obscuro y el suelo amarillo. Un tercer verdugo le toma el brazo derecho y lo sujeta: El cuarto, que tiene ya en su mano el largo clavo de punta.

Salmo 45, 3; Cantar de los cantares 5, ; y alusiones a: Se pasa a la izquierda. El agujero no coincide con el carpo. Se resignan y clavan donde pueden, o sea, entre el pulgar y los otros dedos, justo en el centro del metacarpo. Me revelan toda la tortura de Cristo. La muerte me resulta consoladora, porque digo: La cruz rebota sobre el suelo desnivelado y zarandea al pobre Crucificado.

Todo el peso del cuerpo se echa hacia delante y cae hacia abajo, y los agujeros se ensanchan, especialmente el de la mano izquierda; y se ensancha el agujero practicado en los pies. Por fin, la cruz ha quedado asegurada y no hay otros tormentos aparte del de estar colgado. Media centuria de soldados con las armas al pie rodeando la cima. Su mirada penetrante no se pierde ni un detalle, y para ver mejor se hace visera con la mano porque el Sol debe molestarle.

Y cuando el Sol vuelve a aparecer es tan intenso, que a duras penas lo soportan los ojos. Toda la infamia, la crueldad, el odio, la vesania de que, con la lengua, son capaces los hombres quedan ampliamente testificadas por estas bocas infernales.

Y saduceos y herodianos a los soldados: Una muchedumbre, en coro: Otros que pasan y menean la cabeza: Y silban como carreteros. Otros, mimando los hosannas del domingo de ramos, lanzan ramas y gritan: Tiene que servir para tus seguidores.

Y se acercan, hacia las mujeres. Las otras vuelven donde ella. El mundo es de los astutos y Dios no existe. Y el tronco revela todo su sufrimiento con su movimiento, que es veloz pero no profundo, y fatiga sin dar descanso. Recuerda que naciste de una mujer. Y piensa que las nuestras han llorado por causa de los hijos. Y el otro incrementa: Se atreve a mirar a Cristo, y dice: Ahora, de esto me arrepiento. Creo que vienes de Dios. Creo en tu poder. Creo en tu misericordia.

La luz, antes de una desmesurada intensidad, se va haciendo verdosa. Y las caras adquieren caprichosos aspectos. Los soldados, con sus yelmos, vestidos con sus corazas antes brillantes y ahora como opacas bajo esta luz verdosa y este cielo de ceniza, muestran duros perfiles, como cincelados.

La cabeza empieza a reclinarse sobre el pecho. Tiembla, aunque le abrase la fiebre. Lo susurra quedamente, como en un suspiro, como si ya estuviera en un leve delirio que le impidiera retener lo que la voluntad quisiera contener. Parece una tromba marina. Se vuelven los jefes de los sacerdotes. He vivido como hombre justo. Luego un grupo de unas diez personas se marcha, sujetando algo.

Se pone de nuevo derecho, como si fuera una persona sana con su fuerza completa. Alza la cara y mira con ojos bien abiertos al mundo que se extiende bajo sus pies, a la ciudad lejana, que apenas es visible como un blancor incierto en la bruma, y al cielo negro del que toda traza de azul y luz han desaparecido.

En un demente o en un muerto. Muerto por efecto de tu abandono y de nuestros pecados. Las mismas faldas del Calvario parecen desaparecer. En efecto, hace un viento que da sed incluso a los sanos. Ante todo, debe ser corrosiva sobre los labios heridos y rotos. Todo el peso del cuerpo gravita sobre los pies y hacia delante. La cabeza cuelga hacia delante, tan pesadamente que el cuello parece excavado en tres lugares: De tanto en tanto, un acceso de tos penosa lleva a los labios una espuma levemente rosada.

Y la pobre susurra: Ya no te veo. Es acongojante… Y Juan llora sin trabas. Pienso que la muerte inminente le hace hablar como en delirio y que ni siquiera es consciente de todo lo que dice y que, por desgracia, ni siquiera comprende el consuelo materno y el amor del Predilecto. El tiempo pasa al son de este ritmo angustioso: Y se oye bien su llanto, porque toda la gente ahora calla de nuevo para recoger los estertores del Moribundo. Otro intervalo de silencio.

Apenas es un susurro limitado a los labios y a la garganta. Longino, Juan, los soldados, se asen a donde pueden, como pueden, para no caer al suelo. Los otros soldados, especialmente los del lateral escarpado, han tenido que refugiarse en el centro para no caer por el barranco. Los ladrones gritan de terror. Enloquecidos, caen unos encima de otros, se pisan, se hunden en las grietas del suelo, se hieren, ruedan ladera abajo.

Luego, la inmovilidad absoluta de un mundo muerto. Le llama, porque mal le ve con la escasa luz y con sus pobres ojos llenos de llanto. Tres veces le llama: Entonces extiende los brazos, temblorosos en el ambiente obscuro, y grita: Se acercan a Longino.

Luego pide a un soldado una lanza. Todas dan la espalda a la cruz. Longino se pone enfrente del Crucificado, estudia bien el golpe y luego lo descarga.

La larga lanza penetra profundamente de abajo arriba, de derecha a izquierda. Como a un caballero. De la herida mana mucha agua y un hilito sutil de sangre que ya tiende a coagularse. Se hablan sin detenerse. Gamaliel ha dicho esto sin detenerse, continuando su paso veloz hacia la cima, enloquecido por esta prueba. Los dos le miran mientras se aleja… se miran… dicen juntos: El terror se ha apoderado de la ciudad.

Mi madre se me ha aparecido y me ha dicho: Y yo, que soy pagano, te lo digo: Gamaliel alza el rostro aterrorizado, trata de alcanzar a ver la cima con esa luz crepuscular. Se arrodilla, extiende los brazos y llora: No podemos ya ser perdonados.

Hemos pedido que cayera sobre nosotros tu Sangre. Los dos ladrones, exhaustos por el miedo, ya no dicen nada. Mientras tanto, los soldados, terminada su tarea, se marchan. Luego el ruido de los cascos suena contra las piedras y el de las armas contra las corazas, y se aleja.

El brazo cae a lo largo del Cuerpo, que ahora pende semiseparado. Una vez desclavados los pies, Juan a duras penas logra sujetar y sostener el Cuerpo de su Maestro entre la cruz y su cuerpo. Y Ella le llama… le llama con voz lacerada. Besa los ojos hundidos; y la boca, que ha quedado levemente torcida hacia la derecha y entreabierta.

Con la mano temblorosa, separa los cabellos desordenados y los ordena. Y llora y habla en tono muy bajo. Haciendo esto es cuando su mano encuentra el desgarro del costado.

Ella se inclina para ver en la semiluz que se ha formado. Grita y se desploma sobre su Hijo. Quieren separarle el Muerto divino y, dado que Ella grita: Mi sepulcro es nuevo y digno de un grande. Veo la estructura del sepulcro. Es un espacio ganado a la piedra, situado al fondo de un huerto todo florecido. Parece una gruta, pero se comprende que ha sido excavada por la mano del hombre. Son como agujeros redondos que penetran en la piedra como agujeros de una colmena; bueno, para tener una idea.

Y otra vez le seca con el velo que sigue en sus caderas. Bien claras, aunque sean susurradas a flor de labios. Verdadero coloquio del alma materna con el alma del Hijo. Recibo la orden de escribirlas. Tus dedos son de hielo. Hace pocas horas que no me acaricias y ya me parecen siglos.

Es un grito tan desgarrador que la Magdalena y Juan se acercan a socorrerla; las otras no se atreven, y llorando, veladas, miran de soslayo desde la abertura. Antes que la muerte me quite la vida, quiero darte calor, quiero acunarte. Dejadle en el regazo de su Madre. Una vez le di, una vez le di al mundo, y el mundo no le ha recibido. Le ha matado por no querer tenerle.

Pero tampoco fue hermoso su primer lecho, ni alegre su primera morada. Y luego, como los pastores, id a decir al mundo: Preparad los caminos de su regreso. Yo, a quien la Maternidad hace Sacerdotisa del rito.

Yo he dicho que no quiero. Yo he lavado con mi llanto. Y es el Siempre Joven. La Madre mira con ojos acongojados a los dos preparadores, quienes, desalentados pero inexorables, disponen los rollos de las vendas empapadas ya en los perfumes. Luego un grito inhumano. Pero Ella los rechaza. Ponme la mano sobre la cabeza: Santifica con una caricia mis labios y se fortalezcan para decir: Mucho hay que perdonar a quien no cree.

Yo te lo digo… yo que experimento esta tortura. La Madre se yergue. Su aspecto es solemne. Luego baja los brazos y, bien erguida, con la cabeza levemente hacia arriba, ora y ofrece. No se oye una sola palabra, pero se comprende que ora, por todo el aspecto.

Es verdaderamente la Sacerdotisa ante el altar, la Sacerdotisa en el instante de la ofrenda. La sufro y la ofrezco por los que han de venir. Luego untan de ungüentos todo el Cuerpo, que queda literalmente tapado bajo una costra de pomada. Lo primero, le han alzado.


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